En arenas movedizas. La importancia de la aceptación

Imagina la siguiente situación, estás caminando por un bosque donde nos acompaña unas vistas preciosas del paisaje. El verde de los árboles, la sensación de la brisa que roza nuestro rostro y el ruido del agua, nos acompaña, nos sentimos bien relajados y seguros. Pero de repente, sin darnos cuenta, tropezamos con una raíz y caemos a un charco sucio y pringoso. Estamos manchados de lodo e intentamos levantarnos, pero nos damos cuenta de que no podemos salir, esto nos desespera y asusta, por ello intentamos con más fuerza salir de aquel lodazal intentando nadar con más fuerza e incluso intentamos con las manos liberar nuestros pies, pero cuanto más esfuerzo y movimientos bruscos hacemos, más tira aquella sustancia viscosa de nosotros y, entonces nos damos cuenta de que, ¡hemos caído en unas arenas movedizas! En el momento en que estamos intentando salir de aquellas arenas movedizas, la idea de aumentar la superficie de contacto del cuerpo con las arenas puede que vaya en contra de toda intuición. Puede que por no dejar de luchar por salir del pantano no podamos comprender que la acción más sensata y más segura que se puede intentar es permanecer en el pantano…

  Esta historia puede ser una metáfora sobre las veces que caemos en “charcos” de pensamientos y/o emociones de los cuales queremos huir con todas nuestras fuerzas. Aguas que están compuestas de emociones y pensamientos de tristeza, ansiedad, vergüenza, auto-reproche, etc. Un pantano que cada vez nos mancha más y más. Como es natural, intentamos hacer aquello que nos dice nuestra intuición: “corre”, “huye”, “lucha”, “abandona” … Pero no nos damos cuenta de que estamos sumergidos en arenas movedizas.

  Luchar, huir e intentar controlar algo que nos es molesto y genera angustia es una estrategia que nos resulta de utilidad en aquellas situaciones que se pueden realizar cambios directos. Es una conducta que nos ha resultado de gran utilidad en nuestra historia personal y como especie. Gracias a este tipo de maniobras hemos podido cambiar nuestro contexto y así poder hacerlo cada vez más cómodo y accesible a nuestras necesidades. Por ejemplo, hemos pasado de recolectar frutos y raíces en bosques y llanuras a poder sembrar aquello que necesitamos para sobrevivir y para poder alimentar a un gran número de personas. Es decir, vivimos una situación desfavorable, “huimos” de ella, la afrontamos y la cambiamos. Además, en nuestra vida cotidiana estas estrategias nos son también de utilidad, así podemos elegir encender la calefacción si hace frío o cambiar de trabajo si no estamos a gusto.

  Por lo tanto, es natural que intentemos generalizar este tipo de soluciones a todos nuestros problemas, pero sucede que en ocasiones intentamos controlar lo que muchas veces no tienen un control tan directo, como puede ser coger un martillo para sacar un clavo. Pasa que cuando aprendemos a manejar un martillo todo problema tiene forma de clavo…

Para poner un ejemplo sobre qué cosas no tenemos un control directo, te propongo que intentes no pensar en una ballena amarilla y que, durante cinco minutos, suprima toda imagen relacionada con esta curiosa imagen. Si pasado este periodo de tiempo te ha resultado difícil no pensar en esta ballena amarilla y, es más, cuanto más pasaba el tiempo las imágenes se hacían más vívidas o eran más frecuentes, todo esto mientras intentabas distraerte en otras cosas, con la intención de no pensar en esta absurda imagen. Si este es tu caso, he de decirte que es totalmente normal y así lo muestran diferentes estudios en los que se comprueba que intentar suprimir un pensamiento no solo es difícil de conseguir, sino que pasado un tiempo se obtiene un “efecto rebote” en el que los pensamientos vuelven con más fuerza (Lin & Wicker, 2007; Wegner, Schneider, Carter, & White, 1987).

Es importante destacar que, si este fenómeno está presente en un pensamiento neutro, como puede ser una ballena amarilla, una imagen que no es trascendente en nuestras vidas. Este mismo efecto, será más fuerte con aquellos pensamientos e imágenes que tengan un significado importante para nosotros, como pueden ser: “soy una persona fracasada”, “siempre estaré igual”, “no valgo para nada”, etc. Pero no solo está el hecho que no podamos huir o luchar contra los pensamientos, también se suma que en muchas ocasiones nos sentimos culpables por no poder controlar este tipo de pensamientos y de esta manera generando una espiral de angustia y sufrimiento.

Este fenómeno no solo lo encontramos en nuestros pensamientos e imágenes, también está presente en nuestras emociones (Cioffi & Holloway, 1993; Gross & Levenson, 1993). Es decir, intentar huir o luchar contra aquello que sentimos (p.ej., ansiedad, vergüenza) no solo resulta una estrategia poco útil si no que, al igual que con los pensamientos, el intento de control de nuestro mundo interno tiene como resultado el hacer que su presencia sea de mayor intensidad, y cada vez más nos vemos sumergidos en sus aguas intentando salir, cansados y desesperanzados.

Para poder pagar un precio menor por esta lucha interna, una guerra con nosotros mismos, debemos hacernos una pregunta, ¿es necesaria dicha lucha? Porque en muchas ocasiones intentamos, con todas nuestras fuerzas, que no llueva en nuestras vidas, vigilamos que no haya nubes de tormenta y en el momento que vemos una nube se torna gris o negra nuestra vida se reduce a vigilar a dicha nube, olvidándonos que nosotros somos el cielo que sustenta esa nube y muchas otras.

Si hemos descubierto, sea porque lo hayas leído aquí o, más importante, porque tu experiencia te lo ha mostrado, que luchar solo nos ofrece cansancio y desesperanza, quizá habrá que cambiar la estrategia. Puede que no haya que cambiar nuestros pensamientos o nuestras emociones, sino cómo nos relacionamos con ellos. Los estudios muestran que una alternativa a luchar contra ellos es convivir con ellos, aceptarlos con amabilidad y poder observar estas experiencias como lo que son, solo pensamientos y emociones, sin juzgarlas ni valorarlas (Lin & Wicker, 2007). Es decir, comprender que dichas experiencias se encuentran en un momento particular de nuestras vidas de una manera justificada, por nuestra historia personal y por nuestro contexto actual, son pequeños consejeros que nos intentan ayudar, aunque a veces de una manera torpe. No elegimos que estén, pero podemos elegir nuestra manera de convivir con ellos, podemos ser amables con ellos o luchar para que no estén.

No se trata de resignarnos, se trata de comprender mejor cómo funciona nuestro mundo interno, al igual que permanecer en las arenas movedizas no es resignarse a perder, significa que comprendemos la naturaleza de sus aguas y que luchar nos puede hundir más, por lo que es mejor intentar acostarse para que haya más superficie de contacto y ejercer menos presión y así poder salir poco a poco. No es intuitivo, al igual que cambiar nuestra relación con nuestros pensamientos y emociones angustiosas, pero comprendiendo un poco la manera en la que funciona nuestra mente, podemos ser más amables con nuestros sucesos internos y así cambiar la relación que tenemos con nosotros mismos.

Algunas estrategias que nos pueden ayudar son las siguientes:

  • Cortesía mental y corporal: Dale las gracias a tu mente y tu cuerpo cada vez que se entrometa con preocupaciones, opiniones o sensaciones incómodas; muéstrate cortés y empático con sus sugerencias (p.ej.: “¡Estás haciendo un gran trabajo de preocupación hoy! ¡Gracias por la idea!). No es un sarcasmo…después de todo, tu mente y cuerpo están haciendo para lo que fueron diseñados hace miles de años: resolver problemas y evitar peligros.
  • Mente cinema: Imagina que estás en el cine y tus pensamientos se proyectan en la pantalla, no son ni buenos ni malos, simplemente obsérvalos como lo harías con una imagen en una pantalla de cine.
  •  Teatrificación: Crea un personaje para cada emoción o pensamiento angustioso y así cuando te enfrentes a una situación difícil, estos personajes aparecerán en escena para aconsejarte qué hacer (p.ej., “la ansiedad” puede ser un gato que no para de moverse y le sudan las manos y te dice que tengas cuidado con todo). Así puedes elegir qué consejos escuchar para así conseguir aquello que quieras en cada momento.

 

BIBLIOGRAFÍA

Cioffi, D., & Holloway, J. (1993). Delayed Costs of Suppressed Pain. Journal of Personality and Social Psychology, 64(2), 274–282.
https://doi.org/http://dx.doi.org/10.1037/0022-3514.64.2.274

Gross, J., & Levenson, R. W. (1993). Emotional Suppression : Physiology, Self-Report, and Expressive Behavior. Journal of Personality and Social Psychology, 64(6),970–986. https://doi.org/http://dx.doi.org/10.1037/0022-3514.64.6.970

Hayes, S., (2013). Sal de tu mente, entra en tu vida. La nueva terapia de aceptación y compromiso. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Lin, Y., & Wicker, F. W. (2007). A comparison of the effects of thought suppression, distraction and concentration. Behaviour Research and Therapy, 45, 2924–2937.
https://doi.org/10.1016/j.brat.2007.08.004

Wegner, D. M., Schneider, D. J., Carter, S. R., & White, T. L. (1987). Paradoxical Effects of Thought Suppression. Journal of Personality and Social Psychology, 53(1), 5–13.

4 responses on "En arenas movedizas. La importancia de la aceptación"

  1. Hola Leonardo, Me gusto mucho tu articulo, tanto que me atrevi a escribirte para agradecerte, me parecio muy edificante y de gran ayuda. La parte que parece sarcasmo y que no lo es, a mi me parecio ideal que si lo sea , jajajaja a ver si la mente deja de crear tantas cosas inutiles y supermolestas. Gracias

  2. Muchas gracias por compartir el artículo, algo que, además de lo que mencionas, a mí me sirvió muchísimo, es que cada vez que caemos en darle muchas vueltas a algo y sentimos ira o desesperación, por lo general hay una “mentira” o exageración relacionada a lo que nos está pasando y que debemos identificar… Por ejemplo, no conseguí ese empleo … por ende pienso y siento que soy un fracasado… Exageración total!! Pero que al identificarse nos puede ayudar a salir de ella.
    Muchas gracias nuevamente.
    Alonso

  3. Muy buenas Alonso. Me alegra saber que te ha ayudado lo que escribí. Sí, estoy de acuerdo en lo que comentas, esa “mentira” que comentas, muchas veces nos lleva a alejarnos de lo que valoramos y por intentar siempre apagar ese fuego o intentar que no esté, descuidamos muchas cosas de nuestra vida. Nuestro pensamiento es importante, pero no somos nuestro pensamiento o nuestras emociones, somo mucho más que eso.

    En algunas ocasiones nuestros pensamientos y emociones gritan más que nosotros, pero siempre podemos preguntarnos ¿quién está al mando de mi vida, ese pensamiento o yo ?

    Un saludo y muchas gracias por tu comentario

  4. Muchas gracias, Olga Aponente, por tu comentario. Espero que te atrevas a comentar más artículos y a preguntar lo que quieras. Para mi es un placer el poder contestar, aunque tardo en algunas ocasiones.
    Me alegra mucho que te haya resultado de ayuda, conocer un poco la manera que tiene nuestra mente de funcionar nos ayuda a no enredarnos en batallas donde el único vencido somos nosotros. Creo que en el sarcasmo aún se usa esa entonación de lucha o de revancha y creo que nuestra mente hace lo que hace porque es lo que sabe hacer, y en el fondo lo que intenta es ayuda; pasa que nuestro afán de llevar una vida alejada del dolor nos enreda en un sufrimiento que no es necesario.

    Un saludo

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