Autocontrol frente a la disrupción en el aula… ¿Conoces la técnica de la tortuga?

Gritar, patalear, decir palabrotas, interrumpir, agredir… Estas son, entre muchas otras, algunos ejemplos de conductas disruptivas que se producen en un aula, es decir, comportamientos inapropiados que dificultan el desarrollo de cualquier proceso de enseñanza-aprendizaje. Y además son conductas que, por desgracia, están cada vez más presentes en nuestras aulas.

Si bien, el incremento de este tipo de problemáticas también ha hecho posible el desarrollo de distintas técnicas. Una de estas es la conocida como técnica de la tortuga, original de Marlene Schneider y Arthur Robin, considerada un método de modificación de conducta muy útil para erradicar o minimizar los efectos de este tipo de comportamientos en el alumnado de 6 a 8 años.

Su funcionamiento es tan sencillo como efectivo y se basa en el uso de la metáfora de la tortuga. A través de ella se pretende que el alumnado ante una de situación de tensión consiga controlar sus impulsos buscando un refugio en el aula (como es en este caso el caparazón imaginario de una tortuga) y con el que hacer frente a la misma. Así, el objetivo que persigue esta técnica no sólo se basa en eliminar las conductas sino en conseguir que los niños y niñas canalicen sus emociones de una manera adecuada aumentando su autocontrol y autoestima, por medio de distintas prácticas y ejercicios de relajación.

Metodología

Para conseguir aplicar la técnica de la tortuga en el aula, es necesario seguir un proceso metodológico que se divide en tres fases:

  1. La palabra clave: “Tortuga”

A modo de introducción, se propone que el alumnado reaccione ante la palabra “tortuga” escondiéndose en un caparazón imaginario. Para esto, se debe conseguir que estos junten los brazos con el cuerpo, inclinen la cabeza y cierren los ojos.

Fuente: Center on the Social and Emotional Foundations for Early Learning.

Este primer entrenamiento puede realizarse cada día en clase durante 10 o 15 minutos en el periodo dos semanas, incluyendo distintas actividades grupales e individuales. Si bien, a modo de presentación, se puede utilizar una historia inicial ya que resulta más motivadora y atractiva en la etapa infantil. Un ejemplo podría ser la siguiente:

“Erase una vez una pequeña y hermosa tortuga llamada Tortuguita que tenía 6 años.  Acababa de empezar el colegio, pero a ella no le gustaba mucho ir. Ella prefería quedarse en casa jugando con su hermana pequeña o salir al parque con sus amigos. No le gustaba las cosas que se hacían en el cole, siempre le parecían aburridas y difíciles de hacer. Así que cuando estaba allí, se dedicaba a molestar al resto de sus compañeros de clase, se metía con ellos, y a veces también hacía ruidos que molestaban mucho a su profesora.

Fuente: Center on the Social and Emotional Foundations for Early Learning.

Su madre siempre le decía que tenía que comportarse un poco mejor. Pero a ella no le resultaba nada fácil controlarse y siempre acababa enfadada, o se peleaba, o la castigaban. Tortuguita pensaba -Siempre metida en líos, como siga así voy a odiar el colegio y a todos-. La pequeña tortuga lo pasaba muy mal, hasta que un día, camino del cole, se encontró con una tortuga mucho más grande y vieja que ella. Tenía más de trescientos años y era tan enorme, que hasta Tortuguita se asustó al verla. -Hola, no te asustes pequeña tortuga. Yo ya te conozco, y sé que no estás portando muy bien en el cole-. Sorprendida, Tortuguita asintió con su cabeza pero la tortuga siguió hablando –Por eso quiero contarte un secreto. ¿Tú no te das cuenta que la solución a tus problemas la llevas encima de ti? ¡Tu caparazón! Te puedes esconder en él siempre que tengas sentimientos de rabia, de ira, siempre que tengas ganas de romper, de gritar, de pegar…Cuando estés en tu concha puedes descansar un momento, hasta que ya no te sientas tan enfadada. Así la próxima vez que te enfades… ¡Métete en tu concha!-.

 Tortuguita se sintió más aliviada y decidió poner en práctica la idea de la tortuga justo al día siguiente. Su idea, sin duda, tuvo mucho éxito. La pequeña tortuga fue capaz meterse en su concha al sentirse enfadada y por si fuera poco… ¡descubrió que allí estaba muy bien! Además, cuando se le pasó el enfado, volvió a salir de su concha y se dio cuenta de que su profesora estaba muy contenta y orgullosa de ella. Así que continuó usando su secreto el resto del año y comprobó que cada vez se sentía más feliz y admirada por todos…”

En esta etapa también se deben tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • Delimitar de manera muy clara las conductas objetivo. Se deben definir los comportamientos considerados como disruptivos: insultos, patadas, mordiscos, lanzar cosas al suelo, gritar, golpear, estirar el cabello, pellizcar, etc.
  • Reforzar positivamente al alumnado cuando la respuesta al ejercicio sea adecuada.
  • Buscar el apoyo de los compañeros y compañeras. Estos deben animar, aplaudir y felicitar a los niños y niñas que realicen bien sus ejercicios. El apoyo y reconocimiento del grupo es muy importante para cualquier niño o niña que presenta con frecuencia una conducta disruptiva.
  • Definir cuándo es adecuado o no el uso de la palabra “tortuga”.  Se consideran respuestas adecuadas: 1) Cuando se realiza el ejercicio tras ser víctima de una conducta agresiva. 2) Cuando existe la intención de agredir a otro compañero o compañera y se reacciona adecuadamente ante la palabra clave (en este caso haciendo la tortuga). Por el contrario, son respuestas inadecuadas: 1) Cuando se emiten respuestas previo pacto para conseguir refuerzos extras.  2) Cuando después de realizar la tortuga se produce una conducta inadecuada.  3) Cuando se busca la mirada del adulto para hacer la tortuga.
  1. Relajación

En esta fase el alumnado aprende a relajar y a soltar todos los músculos durante el ejercicio de la tortuga. Dichos ejercicios permiten disminuir la tensión de su musculatura, y por ello, la posibilidad de emitir una conducta disruptiva por parte de estos también disminuye en la misma proporción. La duración de este procedimiento también debe ser alrededor de las dos semanas hasta conseguir generalizar la práctica de esta técnica fuera de las sesiones del aula.

Estas relajaciones han de organizarse en dos partes:

a) La primera de ellas se basa en la tensión y destensión de los músculos siguiendo un orden establecido y acompañado de instrucciones verbales por parte del adulto. Con respecto a esto último, es muy importante presentar dichas instrucciones despacio, con voz monótona, y con pocos cambios en la inflexión de la voz para lograr una mayor relajación; así como comprobar si están tensando los músculos poniendo la mano encima del músculo y comprobando la tensión de estos.

Fuente: Center on the Social and Emotional Foundations for Early Learning.

Por su parte, con respecto a las actividades a realizar con el grupo (aparte de la práctica guiada de los ejercicios de relajación) se puede optar por  introducir este entrenamiento al grupo continuando la historia anterior:

“Tortuguita seguía y seguía practicando su secreto en clase, pero había ocasiones en las que tenía unas sensaciones de enfado o rabia que no desaparecían aunque se metiera en su caparazón. Y, aunque ella quería ser una tortuga buena y no dejarse llevar por estos sentimientos, a veces no podía controlarlos muy bien y no sabía muy bien qué hacer con ellos… Pero un día, justo cuando se encontraba así recordó a la vieja tortuga y decidió ir a verla al mismo sitio donde la vio la última vez.

Así que volvió a ver a la gran tortuga en su casa. Ella se lo contó todo y la gran tortuga tras escucharla atentamente, le dijo: -Cuando estés dentro de tu concha, relájate. Suelta todos tus músculos, y ponte en situación como si te fueras a dormir, deja que tus manos cuelguen, relaja tus pies, no hagas nada de fuerza con tu tripa, respira lenta y profundamente, deja ir todo tu cuerpo y los sentimientos de enfado también se irán… piensa en cosas bonitas y agradables cuando te estés relajando. Si no te sale yo le diré a tu profesor que te enseñe-.

A Tortuguita le gustó mucho la idea y al día siguiente le contó su gran secreto a su profesora. Así que cuando un compañero le hizo rabiar se metió en su concha y se relajó. Soltó todos sus músculos y se quedó un ratito fijándose como la tensión y los malos sentimientos desaparecieron. Tortuguita se puso de nuevo muy contenta porque todos sus sentimientos de rabia y enfado habían desaparecido de verdad. Finalmente, la pequeña tortuga acabó sintiéndose realmente bien en su cole y le dejó de parecer un lugar aburrido. Además, continuó siendo tan alabada por su comportamiento que hasta su profesora acabó enseñándole su gran idea a toda la clase.”

b) La segunda parte consiste en una práctica de relajación más directa. Se trata de que el alumnado experimente a través de distintas prácticas guiadas una mayor sensación de bienestar al relajar los músculos (utilizando, por ejemplo, imágenes mentales placenteras). Al igual que en la fase anterior, el reconocimiento del adulto, el uso de reforzadores positivos y el apoyo del grupo continúan desempeñando un papel muy importante.

  1. Solución de problemas

La última fase del proceso es la más importante, ya que se trata de enseñar a encontrar alternativas mediante la solución de problemas. Esto debe hacerse tras hacer la tortuga y el ejercicio de relajación.

Para su aplicación es necesario que durante el periodo de entrenamiento (una semana o más) se proponga al grupo una historia a modo de dilema y preguntarle acerca de su resolución. Así, se debe detallar claramente la situación problemática (como pueden ser algunas que se hayan sucedido en la clase) junto con más ejemplos para que el grupo comprenda la naturaleza del problema y pueda acordar posteriormente las posibles soluciones.

Como ya se ha señalado, este último paso de solución de problemas es clave, ya que es en este donde se le enseña realmente al alumnado a expresar sus emociones de forma asertiva y a buscar nuevas soluciones a situaciones conflictivas valorando las consecuencias positivas de sus acciones. Sin embargo, como toda técnica, debe ser sometida a revisión y mantenerse durante el resto del curso para su buen funcionamiento dentro del aula.

Fuente: Center on the Social and Emotional Foundations for Early Learning.

3 responses on "Autocontrol frente a la disrupción en el aula... ¿Conoces la técnica de la tortuga?"

  1. Patricia Morales Morales25 septiembre, 2016 at 13:16

    Es la primera vez que leo información de su pagina y me parece interesante la pondré en practica con mi hijo de 10 años.

  2. ¡Gracias Patricia! Sí, esta técnica se puede aplicar en casa pero ten en cuenta que está recomendada para niños más peques (normalmente de 6 a 8 años).

  3. Hola me parece muy interesante,podrías darme información para tratar con niños ..con tdh con hiperactividad,gracias

Leave a Message

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

X