Diálogo interno. ¿Cómo te hablas a ti mismo?

«No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede» EPÍCTETO

Nuestro diálogo interno moldea nuestras creencias sobre nosotros mismos y sobre el mundo que nos rodea, pero también repercute de forma directa en nuestros estados emocionales. El lenguaje que usamos cuando pensamos y lo que nos decimos con estos pensamientos, es mucho más importante de lo que solemos creer. Como sabemos nuestro diálogo interno es un reflejo de nuestros estados emocionales, de nuestras actitudes, creencias, etc. pero esta relación va en ambos sentidos, pues nuestros estados emocionales, nuestras actitudes, creencias, etc. son a su vez un reflejo de nuestro diálogo interno.

Es interesante saber que el simple hecho de pensar sobre un tema determinado puede cambiar nuestro estado de ánimo, haciéndonos sentir mejor, o peor… Por lo general no somos conscientes de hasta qué punto es importante tener un diálogo interno responsable, que refleje cómo deseamos pensar, y no cómo pensamos por defecto.

Hoy en día sabemos que el simple hecho de decirnos mentalmente cosas negativas nos induce un estado de ánimo negativo casi de forma instantánea, o al menos reduce la valencia positiva de nuestro estado anímico. Aprender a escuchar a nuestra vocecilla interna y a manejarla con responsabilidad es fundamental para mejorar nuestras habilidades de auto-motivación y auto-regulación emocional.

 El psicólogo Rafel Santandreu, en su libro El arte de no amargarse la vida, nos dice que el diálogo interno muchas veces surge de la necesidad de evaluar lo que nos sucede, y lo que ocurre es que la mayoría de las veces volcamos la culpabilidad sobre otras personas de nuestro malestar emocional. Esto a nivel lógico es incorrecto según este autor, ya que en lugar de decir «mi jefe me pone de los nervios», deberíamos decir «Yo me pongo de los nervios porque lo que me digo de lo que mi jefe me hace me pone nervioso». De esta forma vamos tomando conciencia de que los responsables sobre nuestros estados emocionales somos nosotros mismos, ya que nuestro jefe puede provocar diferentes estados emocionales a diferentes personas. A este respecto la diplomática y activista estadounidense por los derechos humanos Anna Eleanor Roosevelt tienen una cita que reza «nadie puede herirte sin tu consentimiento».

Santandreu nos recomienda que cuando nos decimos algo que nos hace sentir mal, debemos debatirnos con argumentos lógicos eso que nos hemos dicho. Por ejemplo si algo me sale mal y me digo «no sirvo para nada», puedo debatirme esta afirmación diciéndome que en otros momentos he conseguido sacar adelante algunos proyectos o alcanzar algunos objetivos, con lo cual esta afirmación carece de fundamento.

Esto es importante, ya que si, por ejemplo, en la situación actual una persona no encuentra trabajo y además tienen un diálogo interno nocivo, no solo tiene un problema importante, sino que tendrá dos, y el segundo afectará de forma contundente a su salud. Por este motivo este autor no nos invita a que seamos optimistas, sino a que seamos realistas pero tratemos de adoptar una postura más resolutiva ayudándonos de un diálogo interno más constructivista.

Por su parte, el doctor Mario Alonso Puig nos dice que muchas veces utilizamos un lenguaje profundamente limitante y nos enviamos mensajes muy nocivos, motivo por el cual debemos tomar conciencia de que nuestro diálogo interno tienen la capacidad real de provocar estragos en nuestra salud, hasta el punto de llegar a matar neuronas en ciertos centros cerebrales como los hipocampos. La Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard ha demostrado que entre el 60% y el 90% de las consultas a médicos generales en occidente tienen relación con determinadas emociones aflictivas que se prolongan en el tiempo.

El doctor nos da una serie de herramientas para cambiar nuestro diálogo interno en caso de que detectemos que éste es perjudicial y una fuente de malestar para nosotros. Para ello nos explica que debemos seguir los siguientes pasos:

  1. Lo primero que debemos hacer es olvidarnos de la agitación de nuestra mente y centrarnos en nuestras sensaciones corporales. ¿Qué estoy notando? Es posible que notemos los puños contraídos, las mandíbulas o el cuello apretados,…
  2. Después debemos preguntarnos qué estamos sintiendo y tratar de ponerle nombre (ira, miedo, ansiedad, angustia, estrés,…). Esto provoca una activación en determinadas áreas del cerebro que nos ayudarán a ser más resolutivos. En su libro Una mochila para el universo, la filósofa y divulgadora científica Elsa Punset nos dice que un estudio de la Universidad de California demostró que cuando nombramos una emoción la corteza prefrontal fabrica péptidos que inhiben la amígdala sobreactivada. La Inteligencia Emocional tienen mucho que ver con lograr equilibrar y armonizar la parte emocional y la parte racional del cerebro, es decir, con potenciar la corteza cerebral para “calmar” la amígdala.
  3. Posteriormente pensaremos en qué nos estamos diciendo para sentirnos así, y tal vez descubriremos que nuestro diálogo interno nos dice cosas del tipo «no valgo nada», «esto es muy injusto», «siempre me pasa igual», «todo lo hago mal», «…»
  4. Cuando haya tomado conciencia de esta información haré un esfuerzo por identificar qué exageración o qué distorsión de la realidad estoy empleando. Por ejemplo si me digo que no valgo para nada, de inmediato puedo comprobar que es una exageración, puesto que aunque ahora no haya obtenido éxito sé que sirvo para muchas otras cosas.
  5. Después me preguntaré qué puedo decirme a mí mismo sobre esa situación que me haga sentir mejor.
  6. Una vez transcurrido este proceso volveré a poner la atención en mis pensamientos y en mi estado emocional para apreciar los cambios que se habrán dado.
  7. También tomaré conciencia de qué sensaciones físicas noto en este momento en el que he cambiado mi diálogo interno nocivo en otro más favorecedor.
  8. Finalmente me preguntaré cuál es el primer paso que debo dar ahora para cambiar esa situación que en principio no está como me gustaría. Este último paso es esencial, ya que la acción elimina la sensación de inmovilidad que nos genera la preocupación por algo.

Desde Nueces y Neuronas os recomendamos que vigiléis vuestro diálogo interno. Tratad de caer en la cuenta de aquellos momentos en los que os habláis de un modo que os genera malestar emocional y no nos ayuda a salir adelante en una situación complicada. Para ello poner el foco en las preguntas que os hacéis y procurad que sean preguntas que os ayuden a encontrar soluciones. Si os hacéis una pregunta poco concreta como «¿Por qué me pasa esto a mí?», o «¿Por qué siempre me ocurre lo mismo?», en ese caso no encontraréis respuestas que os ayuden a establecer un plan de acción para mejorar la situación en las que os halléis. Por eso os dejamos una batería de preguntas que os pueden ayudar a encontrar soluciones más concretas en aquellas situaciones que lo requiera como podrían ser las siguientes:

  • ¿Puedo aprender algo de esta situación? ¿Qué concretamente?
  • ¿Cuál es el error que cometí? ¿Cómo puedo corregirlo?
  • ¿Cuáles son mis fortalezas para hacer frente a esta situación?
  • ¿Conozco a alguien que haya pasado por algo parecido y pueda ayudarme con una simple conversación?

A continuación os dejamos un vídeo de Rafael Santandreu en el que habla de la importancia del diálogo interno. ¡Esperamos que os resulte útil!

 

15 julio, 2016

2 responses on "Diálogo interno. ¿Cómo te hablas a ti mismo?"

  1. Que forma tan sencilla y tan clara de explicarlo para llegar a todos los lectores, además de resumirlo con detalle. Me ha encantado leer tu articulo, enhorabuena y gracias por compartir tus conocimientos de esta forma tan entendible que logrará que muchísimos lectores aprendan a cambiar su dialogo interno dañino por otro productivo.

  2. Algo nuevo para mi. Que tal véz me ayude a evaluar el porque de mi carácter ultimamente.

    Bien por el artículo !

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