El pánico primal

El amor nos hace hacer cosas locas

Hasta la persona más normal y equilibrada se puede transformar en un personaje terrorífico digno de una novela de Stephen King.

¡Si! Cuando se trata del amor, todos tenemos un potencial de actuar con obsesión, hostilidad, impulsividad y cero sentido común, especialmente si sentimos que la relación está amenazada.

Podemos actuar de forma extrema: controlar, llamar más de la cuenta, vigilar constantemente las redes sociales, acercarnos a la casa o trabajo de nuestra pareja, etc.  Insistimos más allá de la prudencia o manipulamos.

Y dentro de nosotros puede haber: miedo, frustración, enojo, malestar físico, ansiedad, vacío y  angustia. Que por cierto, son el motor de nuestras acciones desesperadas.

Nuestra intención: buscar reconectarnos con nuestra pareja, sentirnos seguros y valiosos. Es nuestra prioridad número uno.

¿Somos acaso defectuosos?

¿Qué nos hace perder el equilibrio? ¿Por qué no podemos comportarnos como adultos auto-suficientes? ¿Tenemos algo “malo”? ¿Es porque somos inmaduros o codependientes?

No necesariamente.

Nuestra mente está diseñada para obsesionarse:

Los primeros hombres hace 200.000 años sobrevivieron, entre otras cosas,  manteniéndose juntos y protegiéndose.

Más adelante en las cavernas, progresaron formando en tribus en un ambiente de seguridad y cooperación. Estar aislado de los demás era condenado a ser devorado por algún predador, congelado o deshidratado.

Cuando un cavernícola se perdía o era abandonado por su gente, entraba en estado de pánico y eso era entendible.

Para el cavernícola:

Estar solo = estar desprotegido = peligro de muerte = pánico

Hoy en día, ya no vivimos en condiciones tan peligrosas, sin embargo el  cerebro humano evolucionó de cierta manera para sobrevivir y sigue necesitando a los demás, especialmente en  los primeros años de vida.  Los bebés y niños pequeños no se pueden defender, calentarse o comer por sí solos.

Para el lactante y niño:

Estar solo = estar desprotegido = peligro de muerte = pánico

Un adulto civilizado ya no es indefenso, como lo era de niño y tampoco está desprotegido como lo estaban sus antepasados. Sin embargo sigue teniendo el mismo cerebro, diseñado para sobrevivir por medio de la conexión y refugio humano.

Los niños van soltando el refugio de sus padres para buscar la seguridad  en sus amigos en la adolescencia y el amor en sus parejas en su adultez.

Esto lo sabemos de la teoría del apego, y su principal desarrollador John Bowlby.

En palabras de Bowlby: “La teoría del apego considera la propensión de crear vínculos íntimos hacia individuos particulares como un componente básico de los seres humanos, presente en forma germinal desde los neonatos, continuando hasta la adultez y vejez” (Bowlby, 1988, pp. 120–121)

El pánico primal

Un adulto, abandonado por su pareja, puede sentir el mismo pánico de muerte que un niño que llora solo o un cavernícola que se pierde en el desierto, ya que se le activa la misma parte del cerebro (amígdala) para asegurar la sobrevivencia.

Así que, cuando nuestro ser amado amenaza con irse o se va, entrar en modo pánico no es obligatorio pero sí es entendible desde el punto de vista evolutivo. De hecho ese miedo tiene un nombre: Pánico Primal.  Por lo tanto,  no es necesariamente capricho, debilidad,  patología ni co-dependencia.

El término de Pánico Primal, viene del inglés Primal Panic, acuñado por el neurocientífico Dr. Jaak Panksepp (1998) y utilizado regularmente por la doctora Sue Jonhson, desarrolladora de la Terapia Focalizada en Emociones, en el instituto de investigación ICEEFT.  En otras investigaciones se les llama “Panic Responses” o “Respuestas de pánico”.

La intensidad y duración del pánico primal, varía según nuestra capacidad de auto-regularnos emocionalmente,  aprendida en nuestros primeros años de vida, así como del vínculo seguro o no seguro que formamos con nuestros cuidadores primarios.

Eso no quiere decir que tenemos el permiso de auto destruirnos o actuar hostilmente ante una separación o amenaza, sin embargo, es importante entender desde el punto de vista biológico, aquellas acciones que parecen desde lejos “locas” o inmaduras.

Este es un llamado para ver con compasión y agradecimiento a nuestro “cerebro primitivo”, que se encargó y sigue encargándose de hacernos sobrevivir, protegiéndonos contra las amenazas del aislamiento y la pérdida de la conexión amorosa.

Si lo entendemos, tal vez el pánico baja a ser sólo miedo natural, y en vez de controlar de forma desesperada al otro, nos enfocamos primero en aceptar nuestras sensaciones y regular las emociones.

24 septiembre, 2017

1 responses on "El pánico primal"

  1. Catherine Valverde27 abril, 2021 at 23:17

    Excelente resumen, jamás pensé que existía este pánico primal. Gracias por compartirlo

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