Epigenética. ¿Hasta qué punto nos determinan nuestros genes?

Hasta no hace mucho se pensaba que la información codificada en los genes era la única responsable del desarrollo de un organismo. No obstante, en los últimos años se ha ido descubriendo que la expresión de los genes puede ser modificada por factores ambientales, y de otro tipo, sin que haya una alteración de la información que los genes codifican. Además estos cambios pueden ser heredados de una generación a otra. La disciplina encargada de estudiar los mecanismos que modifican la expresión de los genes, sin que varíe la secuencia de bases nitrogenadas en el ADN, es la epigenetica.

El término «epigenética» fue acuñado por primera vez por el biólogo del desarrollo Conrad H. Waddington en 1942. Waddington definía la epigenética como un «campo de la biología que estudia las interacciones entre los genes y sus productos que dan lugar al fenotipo». En aquella época todavía no se conocía la estructura del ADN y se estaban llevando a cabo los inicios de la comprensión en lo que a herencia genética se refiere.

De un tiempo para acá, los científicos ya hacen una diferenciación entre el «genotipo», o conjunto de genes heredados por un organismo, y el «fenotipo», el cual hace referencia al conjunto de rasgos visibles en un individuo y que son fruto de la interacción entre su genotipo y el ambiente en el que se desenvuelve. Pero… ¿cuáles de estos factores son realmente susceptibles de pasar de una generación a la siguiente? ¿Pueden heredarse determinados rasgos de la personalidad que hayan sido adquiridos a lo largo de la vida del sujeto?

Al parecer así es. Al menos esto pareció confirmar un controvertido estudio llevado a cabo con roedores, en el que cual se liberaba acetofenona ―una sustancia con un olor muy característico― en el mismo momento en el que el pobre roedor recibía una pequeña descarga eléctrica. Al poco tiempo el animal aprendió a temer al olor de aquella sustancia por un simple proceso de condicionamiento clásico. Esto provocó que ante la presencia de aquel olor, el animal mostrase las reacciones físicas relacionadas con el miedo como paralizarse, temblar o erizar su pelo. Lo sorprendente de este estudio fue que se comprobó que las crías de ese animal, que nunca habían sido expuestas al olor de la acetofenona, ni a las descargas eléctricas, mostraban las mismas señales de miedo cuando se les ponía en contacto con esta sustancia por primera vez. Y lo mismo ocurría con los nietos del ratón condicionado.

De esto se puede concluir que las experiencias sociales se pueden heredar también de una generación a la siguiente a través de modificaciones epigenéticas en la descendencia. Estas experiencias afectan a los descendientes a través de la alteración en la expresión genética, pero no pasan a la herencia sexual contenida en las células reproductoras como los óvulos y los espermatozoides. Esto ha pasado a considerarse una forma de herencia «blanda».

Algunos expertos distinguen entre epigenética intrageneracional, cuyo concepto hace referencia a la modificación de la expresión de los genes con marcadores específicos, que producen los cambios que determinan que el fenotipo de un organismo, su aspecto o alguna de sus funciones, se modifiquen a lo largo de la vida. El ejemplo más ilustrativo es el de dos hermanos gemelos idénticos, que a medida que se van desarrollando van mostrando un mayor número de diferencias entre ellos. Éstas van apareciendo en función de cómo su genotipo va interaccionando con el ambiente de forma distinta en cada uno de los hermanos.

De este modo, la epigenética ayuda a comprender por qué personas con una misma información genética ―gemelos monocigóticos― desarrollan de manera distinta ciertos caracteres o enfermedades.

Por otro lado, podríamos hablar de una epigenética transgeneracional, que es aquella que se refiere a la herencia de un fenotipo modificado a partir de una generación de progenitores, sin que se hayan dado cambios en la secuencia genética, es decir sin mutaciones que hayan alterado las secuencias de ADN. En este caso el enfoque se centra en la susceptibilidad que presentan esas alteraciones producidas en el fenotipo de ser heredadas de una generación a las siguientes. Como ejemplo podríamos hacer referencia a situaciones extremadamente influyentes en la vida de un organismo como una larga hambruna, la cual provoca unos efectos considerables en el individuo que la sufre, así como en su descendencia. Eso sí, para considerar que una alteración es epigenética las condiciones que deben darse son: que no haya una alteración de la secuencia del ADN y que sea susceptible de ser heredada por la siguiente generación.

El genetista británico y profesor de genética pediátrica Marcus Pembrey, estableció la teoría de que la epigenética debería servir a algún propósito evolutivo. Por ejemplo, podría resultar útil en una situación en la que una madre, la cual ha vivido una hambruna importante, no ha sido capaz de ensanchar sus caderas lo suficiente para no correr riesgo durante el parto. Esto podría provocar que esa información activase o inhibiese determinados genes en sus óvulos, estas modificaciones se transmitirían a la información genética del futuro bebé para que este no creciera demasiado, y no correr riesgo de quedar atascado en el canal del parto. Pembrey mantiene que debe haber algún tipo de coordinación entre el desarrollo de las dos generaciones y esta podría ser la función de la epigenética.

La epigenética es una disciplina que está todavía por desarrollarse. Del mismo modo que los genetistas desarrollaron el Proyecto Genoma Humano con la ayuda de otros científicos, ya se está trabajando en el Proyecto Epigenoma Humano. Es difícil vaticinar hasta dónde llegará esta especialidad, pero por el momento ya nos ha enseñado que no somos únicamente aquello que dicta nuestra información genética, ya que nos afectan múltiples variables como nuestros hábitos, nuestra situación económica, la educación, la alimentación o las experiencias que vivimos.

BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA:

– Gib WW. El nacimiento de la epigenética. En epigenética. Investigación y Ciencia (2015). Nº81.

– Daga RR, Salas-Pino S y Garrando P. La función reguladora del genoma. En Epigenética. Investigaión y Ciencia (2015). Nº81.

11 abril, 2018

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