¿Qué tipos de padres podemos encontrar en función de su estilo educativo?

El filósofo, ensayista y pedagogo José Antonio Marina, en su libro Despertad al diplodocus, nos dice que los padres educan a sus hijos con estilos educativos diferentes, de acuerdo con su carácter, creencias, situación o la educación que recibieron. Las investigaciones sobre los estilos educativos tratan de averiguar qué dimensiones de la vida familiar están afectando al desarrollo de los niños, y si lo hace de forma positiva o negativa. Según las investigaciones más fiables, el estilo educativo puede describirse atendiéndose a dos parámetros como son el grado de exigencia y el grado de calidez afectiva.

De las posibles combinaciones de estos parámetros resultan cuatro estilos educativos diferentes.

  1. Estilo autoritario. Las dos características que lo componen son el rigor y la frialdad.

Estos padres son exigentes y no muestran calidez afectiva. Intentan conformar, controlar y evaluar el comportamiento del niño y sus actitudes de acuerdo con normas tradicionales. Dan mucha importancia a la obediencia y a la autoridad. No favorecen la comunicación con sus hijos y son emocionalmente distantes. No dudan en emplear el castigo cuando el niño desobedece, incluso el de carácter físico.

  1. Estilo responsable. Se compone de rigor y ternura.

Esto padres son exigentes y afectivos. Son conscientes de que tienen más poder en la relación, de que controlan los recursos y tienen más experiencia, pero no por eso dejan de respetar a su hijo. No tienen tendencia al castigo físico, ni dan excesiva importancia a la obediencia por sí misma, sino como exigencia para una buena convivencia familiar. Ejercen un control sobre sus hijos que pretende ser razonable y educativo, haciéndoles entender la necesidad de la disciplina. Tienen en cuenta el punto de vista del niño, incluso cuando discrepan con él. Tienen la expectativa de que su hijo se portará bien y le animan a desarrollar su autonomía de manera responsable. Mantienen sobre él altas expectativas.

  1. Estilo permisivo. Se basa en la laxitud y ternura.

Son poco exigentes con sus hijos y afectivamente cálidos. Ejercen un control más laxo que los dos estilos anteriores, ya sea porque creen que los hijos deben aprender por sí mismos o porque no se toman el trabajo de emprender una disciplina. Suelen dejar que el niño actúe de forma libre y les permiten decidir sobre las normas familiares. Tienen menos expectativas de que sus hijos sean maduros y logren sus metas.

  1. Estilo negligente. Laxitud y frialdad.

Son padres que no controlan a sus hijos. Tienen bajas expectativas hacia ellos y son afectivamente fríos.

Numerosas investigaciones, especialmente las llevadas a cabo por la psicóloga clínica y evolutiva Diana Baumrind, permiten atribuir los siguientes efectos a cada uno de los estilos de crianza:

  • Hijos de padres autoritarios. Suelen presentar falta de competencia social y es raro que tengan iniciativa. Frente a un conflicto buscan la autoridad del adulto para solucionarlo. Muestran falta de espontaneidad y curiosidad.
  • Hijos de padres responsables. Suelen tener confianza en sí mismos y tienen mejor autocontrol. Están más dispuestos a explorar y se sienten más satisfechos. Tienen mejor comprensión y aceptación de las normas sociales debido a la disciplina razonada aplicada sobre ellos.
  • Hijos de padres permisivos. Tienden a mostrar rasgos de inmadurez. Presentan dificultades para controlar los impulsos, aceptar la responsabilidad de sus actos y actuar con independencia.
  • Hijos de padres negligentes. No aprenden a controlar sus impulsos. Tienen poca competencia social y no se sienten valorados. Les cuesta respetar las normas y suelen ser inestables emocionalmente.

Este autor nos dice que el estilo responsable es el que mejor atiende al desarrollo del niño, y por ello convienen recomendárselo a los padres, aunque en ocasiones les cuesta seguirlo. Hoy día muchos padres tienen miedo a sus hijos. Temen ser maltratados y chantajeados por ellos emocionalmente cuando no se salen con la suya.

Para mantenerse firmes ante las manipulaciones emocionales que todos los niños ponen en práctica, es necesario cierto grado de apoyo cultural y estar convencido de que se está haciendo bien al niño. Sin esto, los padres ceden a la presión emocional, a las demandas del niño y a su preocupación de no hacer lo suficiente por ellos.

Marina nos dice que una de las tareas más urgentes para recuperar la sensatez educativa, es quitar muchos miedos a los padres. Repetirles una y otra vez que tienen tres grandes herramientas educativas: la ternura, la exigencia y la comunicación. La ternura se basa en el acogimiento sin reservas. La exigencia es firmeza en las expectativas. Y la comunicación es la vía para transmitir las demás cosas.

Sin ternura, el niño crecerá en un ambiente duro que puede provocar todo tipo de miedos y rigideces.

Sin exigencia, el niño no aprenderá a conducir su conducta de forma adecuada, no sabrá lo que se espera de él y hasta dónde puede llegar. Disciplina significa enseñanza, no castigo. El objetivo es que el niño conozca sus límites. Cada ocasión de disciplina es una ocasión de aprendizaje. Si los padres comprenden que una autoridad tranquila y coherente forma parte de su cariño, no se sentirán culpables.

Finalmente, sin comunicación no se establecerá una vinculación afectiva, sana y sostenible en el tiempo.

A continuación os dejamos un pequeño vídeo en el que podemos ver un ejemplo de cada estilo educativo. ¡Esperamos que os resulte útil!

14 febrero, 2017

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