Formación del cerebro. ¿Cómo se forma y se desarrolla el cerebro?

¿Alguna vez te has preguntado cómo se produce la formación del cerebro? El cerebro, es un órgano que permanece dinámico a lo largo de nuestra vida, mostrando diferentes cambios tanto a nivel estructural como funcional. Este proceso dinámico en constante evolución y cambio, se muestra de forma ascendente hacia la adquisición de nuevas habilidades durante la infancia y las etapas de desarrollo, hasta consolidarlas en la edad adulta. Pero, ¿cómo se forma nuestro cerebro y qué ocurre durante el proceso de maduración?

El cerebro es la parte central del sistema nervioso de los organismos vertebrados. Este sistema comienza a formarse en los seres humanos a partir de los dieciocho días desde la fecundación. Cuatro semanas después de esta, ya comienzan a formarse las neuronas, llegando a un ritmo de hasta doscientas cincuenta mil por minuto.

 Durante el proceso de formación del sistema nervioso encontramos varios mecanismos que van configurando el desarrollo de sus diferentes estructuras, entre ellas el cerebro.

Uno de ellos es la neurogénesis, el cual hace referencia a la creación de nuevas células nerviosas. Antes se pensaba que un órgano tan especializado como el cerebro no tendría la capacidad de regeneración de sus células, como ocurre con otros órganos como el hígado. Pero este proceso de creación de nuevas neuronas puede darse durante toda la vida siempre y cuando el cerebro se vea sometido a cierta exigencia.

Otro de los procesos es la migración neuronal. Este proceso consiste en el desplazamiento de las células nerviosas desde el lugar en el que han nacido hasta su zona de destino. Las neuronas nacen en la parte ventricular del tubo neural y poco después comienzan su migración, hasta ubicarse donde son requeridas.

Las alteraciones durante el proceso de migración de las células nerviosas pueden producir importantes malformaciones en el cerebro, hasta el punto de estar relacionadas con el retraso mental y la epilepsia en los casos más graves. También se cree que defectos más sutiles de la migración neuronal pueden producir cambios importantes en la organización del cerebro, dando lugar a un cerebro con un aspecto relativamente normal, pero con grandes alteraciones en sus conexiones debido a que algunas neuronas nunca alcanzaron la posición adecuada durante el desarrollo.

También es esencial la sinaptogénesis, proceso que hace referencia a la creación de nuevas conexiones neuronales. Durante el desarrollo embrionario se da un proceso de sinaptogénesis importante que tiene un componente genético, pero este proceso continuará a lo largo de toda la vida y estará muy influenciado por las experiencias a las que se somete el individuo. Cualquier nuevo aprendizaje conllevará la aparición de nuevas conexiones neuronales.

Y la mielogénesis es el proceso mediante el cual el axón neuronal ―estructura de la neurona alargada en forma de cable― queda recubierto de mielina, una sustancia que favorece la transmisión del impulso nervioso. Gracias a la mielogénesis, es posible la transmisión  entre las neuronas, así como entre estas y las diferentes partes de nuestro cuerpo. Este fenómeno provoca el crecimiento de la sustancia blanca ―configurada por axones neuronales― y la sustancia gris ―configurada por unas prolongaciones en forma de ramificaciones que salen del cuerpo neuronal llamadas dendritas―. Este proceso comienza alrededor de la catorceava semana de embarazo. En el momento del nacimiento la mielinización está más avanzada en las zonas subcorticales ―responsables de las conductas reflejas― y va progresando de forma ascendente hacia las diferentes áreas de la corteza cerebral, relacionadas con las conductas voluntarias y las funciones superiores.

Los procesos anteriores son los que permiten una rápida evolución del individuo en un periodo de tiempo relativamente corto: comienza a mover sus extremidades y a adquirir control sobre ellas, emite sonidos y comienza a articular palabas, agarra y suelta objetos,…

Lo interesante es que este proceso de desarrollo y maduración se da de forma ascendente durante la infancia y hasta llegar a la adolescencia, dándose durante estos periodos etapas sensibles para la adquisición de algunas habilidades como el lenguaje, el cual no podría adquirirse, o se haría con muchas dificultades, a partir de los ocho años.

Durante la adolescencia ocurren una serie de cambios muy significativos relacionados con la conducta típicamente adolescente, los cuales fueron descubiertos en la época de los noventa gracias a un estudio realizado en el Instituto Nacional de la Salud de los Estados Unidos con más de doscientos jóvenes de entre 12 y 25 años. En esta etapa de la vida comienza a reducirse la sustancia gris. Los cuerpos dendríticos de las neuronas de determinadas áreas del cerebro comienzan a menguar, haciendo desaparecer un gran número de sinapsis y circuitos neuronales, en función de aquellas habilidades o destrezas que no se utilizan. Esto ocurre con la finalidad de que el cerebro pueda preservar solo aquellas funciones adaptativas, desechando aquellas que no tienen utilidad en la interacción con el medio y el resto de individuos. A este proceso se le conoce con el nombre de «poda neuronal».

A pesar de esto, la sustancia blanca sigue desarrollándose, lo cual sugiere que durante la adolescencia el cerebro prioriza la comunicación entre las diferentes estructuras cerebrales, proceso esencial para poder realizar las funciones superiores ―también llamadas funciones ejecutivas― como la planificación, la toma de decisiones, la autorregulación y la autoconciencia.

Tanto el proceso de poda neuronal como el de mielinización vienen programadas biológicamente, pero el que se poden o se mielinicen unas zonas u otras del cerebro irá en función las exigencias particulares de cada individuo, del aprendizaje que lleve a cabo y de las habilidades que vaya adquiriendo y trabajando.

Algunas zonas del cerebro como el córtex prefrontal, relacionado con la adquisición de las funciones ejecutivas mencionadas anteriormente, no finalizan su maduración hasta llegar a la etapa adulta. En esta etapa las funciones cognitivas llegan a su cénit y el cerebro comienza a declinar hasta la vejez. No obstante, este proceso también se puede dar de forma muy diferente en función de los hábitos de vida de cada individuo. El cerebro tiene una gran capacidad de reestructuración para compensar las pérdidas ocasionadas por la edad y puede hacerlo hasta el último día de vida. Para retrasar estos síntomas de envejecimiento es esencial adquirir hábitos como la realización de actividad física, la estimulación intelectual y el establecimiento de relaciones sociales.

A continuación os mostramos un vídeo del programa Redes, en el cual se explica de forma muy ilustrativa la formación y evolución del cerebro durante la etapa embrionaria y los primeros años de vida. ¡Esperamos que lo disfrutéis!

26 abril, 2018

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