René Diekstra: Aprendizaje social y emocional – Habilidades para la vida

«Estamos impidiendo que los niños y jóvenes tengan un desarrollo óptimo cuando les privamos del aprendizaje social y emocional». René Diekstra.

Ya es un hecho reconocido que todos aquellos niños que son capaces de gestionar sus emociones, tienen mayor probabilidad de obtener un mejor rendimiento académico y estarán más preparados para el mundo laboral. No obstante según René Diekstra, profesor de Psicología de la Universidad de Utrecht, la educación actual impartida en las escuelas convencionales todavía comete los siguientes tres errores:

1. Parece que no acabamos de entender que la razón sirve de muy poco sin las emociones.

2. Seguimos sin aceptar que lidiamos con una gran diversidad de emociones en las aulas.

3. La jerarquización actual de las asignaturas y los contenidos la arrastramos desde hace siglos y apenas ha evolucionado. Siguen figurando al final de escalafón las asignaturas de carácter creativo y artístico, y siguen prevaleciendo las de ámbito matemático, científico y lingüístico.

Este autor afirma que los centros escolares son necesarios para educar a generaciones que en el futuro vivirán juntas en el entorno social y deberán trabajar en equipo en el entorno laboral. La escuela es el mejor lugar para encontrarse, descubrirse y conocerse. Pero es importante que tomemos conciencia de que varias décadas atrás, la intención de la escuela era preparar a los jóvenes para integrarse en el sistema económico y el mercado laboral. Por suerte, actualmente la escuela mantiene que su objetivo principal es el desarrollo general del niño, incluyendo los aspectos cognitivos, intelectuales, sociales, emocionales y éticos. No obstante, Diekstra hace especial hincapié en que los tres últimos siguen sin aparecer en los planes de estudios como contenidos formales. En otras palabras: lo que figura sobre el papel no acaba de tener una aplicación real.

Debería ser una prioridad enseñar a los niños a autodisciplinarse, a aplazar la recompensa y los pequeños placeres con el fin de lograr un objetivo más relevante o de mayor sentido. Para ello sería esencial que los niños tuviesen clases específicas sobre el desarrollo de habilidades sociales y emocionales, así como de moralidad y ética.

Es muy importante que un niño sepa percibir, interpretar y gestionar sus sentimientos de forma eficaz. No obstante en muchas ocasiones se les niega esta oportunidad. Esto lleva a confusiones que dificultan la salud de las relaciones que establecen. Por ejemplo, en el periodo de la adolescencia se generan muchos malentendidos porque cambia la forma de decodificar las emociones de los demás. Esto puede llevar a interpretar la preocupación como enfado, lo cual puede iniciar un conflicto. Por este motivo, si les enseñamos a los niños a interpretar correctamente las emociones de los demás, mejorará su capacidad de empatizar y establecer relaciones.

¿La Inteligencia Emocional es otro tipo de inteligencia como la espacial, la lingüística, la matemática o la musical?

En realidad no. En nuestro cerebro no tenemos un módulo de nuestra inteligencia dedicado a las emociones. Tampoco se trata de una de las inteligencias múltiples descritas por Howard Gardner en los años ochenta. Según esta teoría (no avalada universalmente por la comunidad científica), existen diferentes tipos de inteligencia relacionadas con campos o habilidades concretas como la lógico-matemática o la musical. Pero cuando hablamos de Inteligencia Emocional hacemos referencia al funcionamiento de todo nuestro cerebro en su conjunto.

Durante siglos, la ciencia no consideraba las emociones como materia de estudio, motivo por el cual la sociedad las obviaba y no las tenía en cuenta a la hora de tomar algún tipo de decisión o de emitir un razonamiento. Ahora sabemos que la razón se ve afectada constantemente por la emoción. Ambas van siempre de la mano y parecen ser inseparables. Esto se debe a que nuestras experiencias, así como nuestros pensamientos y sentimientos modifican constantemente las conexiones entre neuronas. Por este motivo tenemos que asumir que nuestra inteligencia siempre lleva cierta carga de emocionalidad.

¿Por qué a veces nos resulta tan complicado entender las emociones?

Esto ocurre, porque en la mayoría de las ocasiones nuestras emociones están mezcladas. Por este motivo es importante enseñar a los niños a ponerles nombre. Para esto pueden resultar muy útiles cuentos como El Monstruo de Colores de Anna Llenas, Emocionario de Cristina Nuñez Pereira y Rafael Romero o La Tortuga.

A partir de los dos o tres años, ya podemos enseñar a los niños algunos conceptos acerca de sus emociones. Y este proceso de aprendizaje debería prolongarse hasta finalizar la secundaria, ya que las emociones son los cimientos sobre los que se toman las decisiones y se construyen las relaciones.

Si la Educación Emocional es tan importante… ¿por qué no se lleva a cabo en la escuela?

Debido a la estructuración de los planes de estudio, no se dispone del tiempo suficiente. Además tampoco se tiene el apoyo y la financiación necesarios; y aunque fuese así tampoco se sabría hacer, ya que el profesorado no tiene una buena formación o asesoramiento a este respecto. La mejor forma de hacerlo sería formar a los docentes y teniendo clases de habilidades sociales al menos una vez a la semana. En este tipo de sesiones podrían impartirse los siguientes contenidos:

  • Aprender a percibir y gestionar emociones.
  • Aprender a construir y mantener relaciones.
  • Aprender a tomar decisiones responsables y éticas.
  • Aprender a ponerse en el lugar del otro.
  • Aprender a enfrentarse a los conflictos de forma ética y eficaz.

Muchas veces nos ocurre que disentimos con alguien y que no llegamos a estar de acuerdo. Tenemos que aprender a respetar los diferentes puntos de vista, además de exponer el nuestro con deferencia. A los niños que no han asistido a un programa de Inteligencia Emocional y Habilidades Sociales esto les resulta extremadamente complejo y difícil de aceptar. No saben distinguir entre los conflictos que pueden resolver y los que no, toman partido en ellos y la cosa  empeora, por ejemplo cuando se entrometen en una discusión entre sus padres o entre otros compañeros del colegio.

Los beneficios de los programas para el desarrollo de las habilidades sociales y emocionales han sido testados en siete ámbitos diferentes:

  1. Desarrollo de habilidades sociales.
  2. Reducción de comportamientos antisociales.
  3. Disminución de consumo de drogas.
  4. Incremento de la autoimagen positiva.
  5. Aumento del éxito académico.
  6. Mejora salud psicológica.
  7. Incremento del comportamiento prosocial.

Los niños que desarrollan sus habilidades sociales y emocionales son capaces de identificar estados como la depresión, el miedo al fracaso o la ansiedad. Cuando terminan estos programas están mucho más capacitados para distinguir sus metas (como qué quieren ser de mayores) y saben cómo actuar para conseguirlo.

René Diekstra se muestra optimista y afirma que en tan solo tres días se puede instruir a buenos formadores en habilidades sociales y emocionales. Para ello se les enseña estrategias como que cuando se enfadan con un alumno, deben contar hasta diez antes de decidir cómo van  actuar. Y nos informa que los alumnos que más se benefician de estos programas son lógicamente los más necesitados.

Desde Nueces y Neuronas os proponemos la siguiente actividad para desarrollar la empatía en los niños y tratar de hacerles tomar conciencia de su responsabilidad en las situaciones de conflicto.

RESOLVIENDO  CONFLICTOS.

  • OBJETIVO: Que el niño desarrolle la empatía, y tome conciencia y reflexione sobre su propia conducta para que pueda ir adquiriendo responsabilidad sobre sus propios actos.
  • DESCRIPCIÓN: Esta actividad es ideal para trabajar con aquellos niños que tienen conflictos constantemente con otro niño o grupo de niños concretos. Debemos ser conscientes, como padres o maestros, que en este tipo de situaciones, un niño siempre justifica su manera de actuar poniendo el foco en todo lo que el otro niño le hace (o le hizo en otra situación) a él. Esto nos lleva a que ambos niños sacan a relucir todo lo que el otro les ha hecho y se entra en un bucle del cual es muy difícil salir. Los padres y maestros debemos evitar entrar en el mismo círculo vicioso que los niños, poniendo el foco en lo que otros niños les hacen a nuestros hijos o alumnos. La manera de evitarlo es ayudar a nuestro hijo o alumno a identificar todos aquellos momentos en los que él ha realizado alguna acción que haya podido ser molesta para ese otro niño.

Por ejemplo si nuestro niño siempre tiene problemas con su compañero Agustín y nos viene contando «Hoy Agustín me ha pegado. Además ayer me insultó y el lunes me arrugó la hoja en la que estaba dibujando,…», deberemos restar importancia a estas acusaciones y le propondremos al niño un «juego» para ver si podemos entender cómo se siente Agustín. Para ello le pediremos al niño que haga un listado de cosas que piensa que él ha hecho a lo largo de un día (o una semana) que puedan haber molestado a Agustín. Al principio será costoso, pero debemos insistir. De este modo el niño irá cambiando el foco y ya no lo pondrá tanto en lo que le hace Agustín, sino que irá tomando conciencia de las consecuencias de sus propios actos y podrá ir cobrando responsabilidad sobre ellos.

Es extremadamente importante animarle y ayudarle, si fuese necesario, mientras realiza la actividad. ¡Y NO HAY QUE DARLE EL ENFOQUE DE UN CASTIGO!, ya que estos cambios de mentalidad suelen ser lentos y progresivos, y el niño podría sentirse humillado e indignado al sentir que «se le castiga» cuando él cree que no es el culpable. Recordemos que la finalidad es que tome conciencia y reflexione sobre la propia conducta para que pueda modificarla de forma voluntaria.

A continuación os ofrecemos el programa de Redes en el que Elsa Punset entrevista a René Diekstra, en el cual el profesor de psicología trata algunos de los conceptos expuestos en esta entrada. ¡Esperamos que os guste!

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