¿Por qué tiene tanto éxito el Halloween?

Desde el amanecer de la humanidad, el hombre ha sido presa de terrores que le acechaban en forma de depredadores, enfermedades, enfrentamientos contra tribus rivales, hambruna, sequías,… Nuestro cerebro más primitivo siempre ha estado equipado para la supervivencia, activando estructuras como la amígdala que provocan la liberación de adrenalina en sangre, poniendo en funcionamiento los mecanismos del estrés, tan necesarios para movilizarnos a realizar las acciones que garanticen nuestra permanencia como huir o luchar.

La cultura y el desarrollo tecnológico de nuestra especie han evolucionado a pasos agigantados en poco tiempo. Pero la humanidad sigue siendo incapaz de librarse por completo de esos miedos más viscerales que siempre nos acompañan en forma de tragedias, preocupaciones o pesadillas.

Tal vez este sea el motivo por el cual los miembros de nuestra especie siempre han sentido una mezcla de rechazo, curiosidad y fascinación por el terror. En la actualidad, el que más o el que menos tiene sus miedos que le acompañan y en ocasiones le limitan o le cercenan a la hora de evolucionar. El miedo puede mermar nuestra seguridad y dañar de forma indirecta nuestra autoestima. Además muchas veces engendra culpabilidad y angustia.

Pero por otro lado, una gran parte de la población siente cierta atracción por esta emoción y le gusta exponerse a ella de forma ocasional.  Como muestra de ello podemos apuntar al éxito sin precedentes del que gozan actuales series de televisión que han vuelto a poner de moda a los zombis, películas de terror basadas en posesiones o criaturas sobrenaturales que perturban a los habitantes de una vivienda o remakes de payasos diabólicos que nos inquietaron cuando fuimos niños.

Por supuesto, el Halloween no dejaría de ser otro ejemplo. Independientemente de que esta festividad tenga muchos detractores, no se puede negar su éxito, debido también a la influencia que ha tenido en el cine y la literatura occidental. Películas, libros, disfraces y un sinfín de productos de decoración se relacionan directamente con este evento, pero… ¿Dónde radica el éxito de esta celebración? ¿Por qué muchos niños y adultos están deseando que llegue una noche en la cual se van a enfrentar de forma directa con sus mayores temores y pesadillas?

Podría haber diferentes respuestas a estas preguntas en función del autor al que consultemos, pero nos resulta especialmente interesante el análisis que hace el neurocientífico Francisco Mora en su libro ¿Es posible una cultura sin miedo? sobre esas situaciones en las que pasamos miedo pero sabemos que el peligro que corremos no es real. El doctor Mora nos explica que cuando evocamos esta emoción en una situación que percibimos como segura ―por ejemplo viendo una película de terror en el cine o en el sofá de casa, leyendo una novela de terror cómodamente en la cama, escuchando una historia de miedo acompañados por nuestros amigos o asustándonos al ver a la gente disfrazada por la calle mientras corremos de portal en portal pidiendo caramelos―, en estos casos en nuestro cerebro hay una liberación de dopamina ―más concretamente en las terminales dopaminérgicas provenientes del área tegmental ventral, las cuales provocan un aumento de la liberación de este neurotransmisor en el núcleo accumbens―, activando nuestro circuito de recompensa cerebral y ocasionándonos una sensación agradable que puede resultar incluso adictiva.

La dopamina es un neurotransmisor que se encuentra en las regiones del cerebro que regulan el movimiento, la emoción, la motivación y los sentimientos de placer. Esta misma activación del circuito de recompensa cerebral debido a la liberación de dopamina es la que ocasionan algunas drogas, estímulos sexuales o estados emocionales intensos que favorecen la impulsividad ―motivo por el cual sentimos una gran motivación por adquirir un producto que posteriormente vemos que no necesitamos, por ejemplo―.

Además de todo esto, debemos tener en cuenta que antropológicamente los disfraces siempre han fascinado al ser humano, debido al poder simbólico que le ha otorgado a lo largo de la historia para cambiar de identidad. El disfraz nos permite dejar de ser quienes somos para ser otra persona, otro ser, ente o criatura. ¿Y qué más puede fascinar a una persona que conseguir ser aquella entidad que tanto teme, aunque solo sea por una noche?

Desde el pasado hasta nuestros días, los seres humanos se han cubierto de vestimentas que provocaban el terror. Los médicos que trataban la peste negra parecían la misma muerte cuando llegaban enfundados en sus atuendos, los miembros del Ku Klux Klan y los nazarenos de la Inquisición aterrorizaban al pobre desafortunado al que venían a buscar; y los chamanes de las tribus más antiguas eran considerados mitad hombres y mitad dioses, admirados y temidos por igual debido a los disfraces de madera, huesos y pieles que utilizaban.

El Halloween se ha convertido en una celebración conocida a nivel mundial debido a que no deja indiferente a nadie. Por un lado hay quien disfruta y siente auténtica pasión por esta celebración que le permite realizar un viaje hasta mundos oscuros y tenebrosos. Sienten que esto potencia su imaginación y les ayuda a abrazar sus miedos más íntimos y profundos, aceptándolos y trascendiéndolos. Por el lado contrario hay personas que esa noche no se sienten nada cómodos y prefieren permanecer en casa, encerrados en su propia realidad y dejando en el exterior los sustos, los trajes horripilantes y las cadenas que se arrastran. Pero tantos unos como los otros sienten que esa noche algo es diferente, más lúgubre, más divertido, más dantesco, más excitante, más horrendo.

Si eres de los que no les gusta el Halloween, tal vez sea mejor que esa noche te quedes en casa viendo una película o leyendo algún relato ―quién sabe si de terror―. Y si eres de los que se apasiona viviendo la oscuridad de esta noche mágica, te deseo que lo pases en grande siendo el vampiro que acecha el siguiente portal, la bruja que cocina su pócima encantada a base de caramelos, el zombi que aterroriza a sus amigos y familiares contando relatos terríficos o el esqueleto que hace crujir sus huesos en una danza macabra. Haz sonar la oxidada aldaba y no olvides preguntar a la encorvada sombra que aparece en la ranura… ¿truco o trato?

 

22 octubre, 2017

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