Neurodidáctica. 7 pasos para mantener la motivación en el aula.

Anteriormente, en Nueces y Neuronas ya hablamos sobre el concepto de neurodidáctica, así como de algunas aportaciones de la neurodidáctica al aula. En esta entrada queremos ofreceros 7 pasos que según esta ciencia multidisciplinar nos ayudarán a mantener la motivación de nuestros alumnos durante las clases.

 PRIMER PASO. Generar emoción.

Cualquier niño es capaz de mostrar la motivación necesaria para realizar aquello que les despierta el interés; no obstante, los docentes nos encontramos muchas veces que en clase suele costarles. Los estudios realizados en nuerodidáctica nos dicen que el primer paso que debemos dar es estimular la amígdala de los alumnos. La amígdala forma parte del sistema límbico, y su papel principal es el procesamiento y almacenamiento de reacciones emocionales.

 Para ello podemos presentarles al inicio de las unidades o sesiones, recursos como un tráiler, un debate, una pregunta, una imagen… algo que suscite la sorpresa o emoción en nuestros alumnos. Es importante que sepamos que cuando el estímulo presentado capta la atención del alumno o suponen un reto, el cerebro consigue prolongar su rendimiento, y además se activan diferentes regiones del cerebro directamente relacionadas con la motivación.

SEGUNDO PASO. Despertar el interés.

Para que los alumnos puedan mantener su motivación deben darse dos factores: por un lado es necesario que entiendan la tarea; por otro lado que encuentren el significado de lo que están haciendo. Para ello debemos asegurarnos de que la tarea conecta con sus conocimientos previos, y además ha sido perfectamente comprendida. También nos aseguraremos de que para ellos el fin de realizarla tiene un sentido.

TERCER PASO. Proponer un reto.

A nuestro cerebro le apasionan los retos. Las tareas rutinarias le aburren y disipan nuestro interés y motivación. Por este motivo debemos plantearle pequeños retos que despierten nuestra atención e implicación.  Es esencial que el reto entrañe cierta dificultad, pero que no diste demasiado de sus conocimientos, ya que se frustrarían con facilidad y no se verían motivados.

Una posible estrategia podría ser lanzar preguntas abiertas del tipo ¿Pesan las cosas que flotan en el agua? ¿Pueden hablar los animales? ¿Pensáis que podría haber vida en un planeta sin atmósfera? De este modo el cerebro comenzará a lanza hipótesis y reformula causas para resolver ese problema.

También podemos plantear un reto que será el objetivo final a conseguir en esa unidad. Pero a la vez le iremos planteando retos más pequeños para que puedan apreciar su avance y puedan mantener su motivación.

Por ejemplo el reto final de la unidad podría ser que fuesen capaces de realizar una clasificación de los animales entre todos los subgrupos de vertebrados o invertebrados. Pero en un inicio plantearemos otros más asequibles, y conforme avancemos iremos aumentando la dificultad.

Ejemplo:

Objetivo 1: Clasificar entre vertebrados e invertebrados.

Objetivo 2: Diferenciar entre reptiles y anfibios.

Objetivo 3: Clasificar animales vertebrados entre peces, aves, mamíferos, reptiles y anfibios.

Objetivo 4: Clasificar animales invertebrados entre moluscos, gusanos y medusas.

Objetivo 5: Identificar artrópodos.

Objetivo 6: Clasificar artrópodos en crustáceos, arácnidos, miriápodos  e insectos.

 Objetivo final: clasificación de los animales entre todos los subgrupos de vertebrados o invertebrados.

CUATRO PASO. Propiciar la participación.

En las clases magistrales, los alumnos no solo aprenden menos sino que también aprenden peor. Esto ocurre porque las conexiones neuronales que se establecen mediante este proceso, tienen menos consistencia que cuando aprenden de una forma activa.

Se considera que un aprendizaje adquirido en una clase magistral y que nos parece poco relevante, tiende a perderse entre 48 y 72 horas. Por otro lado, cuando el alumno se involucra de forma activa en la tarea o el proceso realizado, estos aprendizajes suelen afianzarse con mayor facilidad, y además potenciaremos su creatividad y perseverancia.

 El alumno debe ser el centro del aprendizaje. La profesora Joan Freeman, en el año 2014 hizo un metaanálisis de 225 casos, y pudo comprobar que alumnos que estaban participando en metodologías activas, aprendían mucho más y mejor, e inferían esos contenidos que aprendían con otros diferentes.

QUINTO PASO. De corto a largo plazo.

Para conseguir que nuestros alumnos sean persistentes deben ir sintiendo que van integrando los contenidos que trabajan. El cerebro aprende a través de asociaciones. La información novedosa entra en nuestro cerebro y éste la vincula con la información que reside en el hipocampo. Eso puede consolidar las memorias.

Los profesores deberíamos reforzar a los alumnos no por sus capacidades, sino por el esfuerzo que emplean, su implicación y su progreso.

Para llevar a cabo este paso ya introduciremos metodologías más convencionales y mecánicas como la lectura o la profundización de contenidos.

SEXTO PASO. El feedback.

Para que la motivación siga vigente debemos utilizar la evaluación como un método de feedback (retroalimentación). Éste debe ser conciso, con la información muy clara y muchas veces inmediato.

Esto es muy importante para la metacognición, que es el proceso de autorregulación del aprendizaje. Ésta nos permite ser conscientes de la manera en que aprendemos, manejando los conocimientos adquiridos y sabiendo qué nos falta por aprender. Un alumno es metacognitivo cuando regula su propio aprendizaje mediante la planificación de estrategias.

Es importante generar estrategias de autoevaluación entre compañeros. Así todos se pueden evaluar durante todo el proceso.

SÉPTIMO PASO. El sentido.

Nuestro cerebro aprende a través de la imitación y la interacción con los demás. Aquí entran en juego las neuronas espejo, las cuales se alojan en el córtex prefrontal, muy importantes para la empatía y de la intencionalidad de las acciones.

Con sujetos estudiados en laboratorio se ha podido comprobar a través de resonancias magnéticofuncionales que cuando están en tareas de cooperación, hay una activación de los circuitos de recompensa. Esto conecta nuestro cerebro emocional con el funcional.

El permitirle a nuestro alumno trabajar en grupo y realizar aportaciones, le hará sentirse útil y será más fácil que encuentre un sentido a las tareas y procesos que deberá realizar.

A continuación os dejamos un vídeo en el cual el neuropsicólogo infantil José Ramón Gamo profundiza en el concepto de neurodidáctica.

 

25 Marzo, 2017

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