¿Por qué nuestros políticos no protegen la educación ni durante una pandemia mundial?

Es más que sabido que la COVID-19 ha tenido un impacto dramático a nivel mundial desde el punto de vista sanitario. Además, prácticamente todos los sectores se han visto o se verán afectados más adelante por los estragos provocados por esta pandemia. Resulta bastante desalentador, a la vez que revelador, comprobar que nuestros partidos políticos no lleguen a un consenso para proteger la educación ni en una situación como esta. Se han establecido medidas de forma rápida y concisa para que determinados sectores pudiesen volver a reactivarse cuanto antes. No obstante ha habido otro gran número de ámbitos y gremios que han parecido permanecer olvidados, entre ellos la educación, la cual no parece ser una prioridad para nuestros políticos (gobernantes o no) y tampoco, dicho sea de paso,  para una gran parte de la población general.

Resulta sorprendente la demora, la aparente falta de planificación y el poco cuidado con el que se han tomado y se siguen tomando las decisiones que afectan directamente al funcionamiento de los centros educativos de Educación Infantil, Primaria y Secundaria, así como a la educación postobligatoria. Y también resulta sobrecogedora la cantidad de ciudadanos que no considera oportuna la destinación de recursos al sector educativo en una situación como esta, argumentando que hay que proteger la economía o que los centros educativos ya tienen los recursos suficientes para hacer frente a esta realidad y que solo necesitan gestionarlos de la forma adecuada. Centros que por supuesto ellas y ellos nunca han vuelto a pisar desde que fueron estudiantes y que parecen conocer a la perfección y ser poseedores de todas las posibles soluciones a la hora de gestionarlos. Cuando a estas personas se les intenta hacer ver que no conocen la realidad actual de los centros educativos te responden algo del tipo “te equivocas porque mi cuñada es maestra” o “sí que lo sé porque tengo un amigo que es profesor”. Esta respuesta siempre me ha resultado curiosa porque mi hermano, y otros tres amigos míos, son informáticos y yo nunca me he atrevido a opinar sobre cómo deben programar o gestionar los equipos informáticos de sus respectivas empresas. Me gustaría saber qué ocurriría si los educadores opinásemos alegremente sobre cómo deben funcionar otros sectores…

Es curioso como nuestros políticos han conseguido que una gran parte de la población considere la destinación de recursos a educación como un GASTO en lugar de como una INVERSIÓN. Y ahí radica el problema. La educación es una inversión, pero una inversión a largo plazo. Me pregunto si no será este el motivo por el cual los políticos gobernantes (del partido que sea) no tienen interés en invertir en algo cuyo beneficio se hará evidente más allá de los cuatro años que dura su legislatura. Claro, así es muy difícil colocarse medallas. Supongo que por eso prefieren aplicar soluciones como la asistencia semipresencial a los centros educativos, antes que dotarlos de los recursos personales o materiales necesarios.

Creo que en este país se habla de la importancia de proteger e incentivar la economía y el empleo desde un punto de vista cortoplacista. Nos cuesta entender que muchos países dotados de una economía y un mercado laboral más sólidos y que pueden hacer frente a diferentes crisis, lo han conseguido, entre otras cosas, a base de proteger e invertir en su sistema educativo. Nos cuesta entender que por los colegios, institutos y universidades pasarán los  empresarios, autónomos, emprendedores, empleados, sanitarios, políticos y educadores del futuro. Nos cuesta entender que la educación, el empleo y la economía tienen una íntima relación. Y nos cuesta entender que para que las cosas mejoren a veces hay que invertir en algo cuyo fruto tardaremos un tiempo en obtener.

A mi entender, la educación consiste realmente en dotar de espíritu crítico a los ciudadanos. Si la educación que recibiésemos fuese la adecuada nuestros ciudadanos sabrían obtener los conocimientos óptimos para realizar un análisis lo más objetivo posible de la realidad, más allá de sus creencias, sus sesgos culturales o su ideología política y religiosa. Para ello es necesario saber obtener el conocimiento sobre un tema recurriendo a las fuentes adecuadas y tener las habilidades de análisis de dicha información y de discernimiento entre lo que expone dicha información y nuestras opiniones, creencias o ideales. Pero… ¿interesa esto en un país en el que la política parece una cuestión de “blanco” o “negro”? ¿Interesa en un país donde una gran parte de la población invierte su tiempo y sus energías en hacerle la campaña al partido político con el que se identifica, a través de las redes sociales de forma totalmente gratuita?

Cuando compartimos ideas y opiniones todas y todos pensamos estar en posesión de la más acertada. Y si nos preguntasen, la mayoría de nosotros responderíamos que nos consideramos capacitados para hacer un análisis crítico de la realidad antes de opinar o de tomar una decisión. En definitiva diríamos que tenemos espíritu crítico. Pero… ¿lo tenemos? ¿Lo tenemos en un país en el que una gran cantidad de gente que no ha leído un libro de divulgación científica en su vida se atreve a cuestionar la efectividad de las vacunas o el origen de un virus que se ha extendido a nivel mundial? ¿Lo tenemos en un país en el que una gran parte de la población ha estado compartiendo un sinfín de noticias falsas por las redes sociales, sin haberlas contrastado antes, simplemente porque le interesaba beneficiar al partido con el que se identifica y desprestigiar al contrario? ¿Lo tenemos en un país en el que el sistema político es claramente un medio de enriquecimiento y aun así los adeptos de un partido concreto defienden de forma incondicional su manera de actuar?

Yo no sé cuál es realmente el motivo por el cual nuestros políticos no protegen la educación ni durante una pandemia mundial. Lo que sí sé es quién está salvando la educación durante esta situación, y son los de siempre… los educadores. Esas maestras y profesores que tan criticadas y criticados son por su horario y sus vacaciones. Esos profesionales que parece que tienen que pasarse la vida pidiendo perdón por haberse sacado una carrera y haber aprobado una oposición (a veces después de muchos intentos y muchísimo sacrificio). Esas personas que han estado dando el callo día a día en clases masificadas de veinticinco o treinta alumnos. Esos profesionales que tan abandonados se sienten por los políticos y las administraciones educativas. Y también sé que si alguien salvará la educación a partir de septiembre… ¡Volverán a ser ellas y ellos!

Antes de finalizar quiero decir que soy el único responsable de las opiniones manifestadas en este artículo y que dichas opiniones no deben hacerse extensivas al resto del equipo de Nueces y Neuronas. Y como mis opiniones pueden tener el mismo valor que las tuyas me gustaría despedirme haciéndote una pregunta: ¿Y tú por qué crees que nuestros políticos no protegen la educación ni durante una pandemia mundial?

3 agosto, 2020

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