¿Siempre es conveniente el refuerzo positivo cuando educamos?

Desde el punto de vista de la psicología,  se considera que los refuerzos son estímulos que aumentan o reducen la probabilidad de que una determinada conducta vaya a menos o se afiance en el individuo que los recibe. Cualquier persona mínimamente interesada en el mundo empresarial, de la psicología o de la educación, sabrá que los refuerzos pueden clasificarse en positivos y negativos. En este caso un refuerzo positivo es aquel que favorece la reiteración de la conducta a partir de la concesión de un premio o de algún tipo de gratificación como un elogio, un permiso para jugar, una golosina,…  El refuerzo negativo, en cambio, implica la eliminación de un estímulo negativo para evitar la repetición de la conducta  ―por ejemplo permitirle a un niño que no recoja su habitación si termina los deberes pronto―.

 Desde el punto de vista educativo, antiguamente se pensaba que uno de los estímulos que más podían incidir en la conducta de los alumnos era el castigo. Se tenía la creencia de que mediante el castigo se podían erradicar conductas no deseables, y que el miedo al castigo hacía posible el mantenimiento de las conductas que se esperaba de los alumnos. No obstante, de un tiempo para acá ya se ha hablado mucho de la mayor eficacia que el refuerzo positivo tiene por encima del castigo para reforzar determinadas conductas deseables.

Tanto en el mundo educativo ―como en el mundo de la empresa por ejemplo―, se ha demostrado que la motivación de los alumnos ―o empresarios― siempre es mucho mayor cuando saben que van a exponerse a un estímulo agradable (recompensa), que si actúan «huyendo» de un estímulo desagradable (castigo, reprimenda,…). Esto parece estar más que refutado en el mundo de la psicología y posiblemente no tendría mucho sentido debatir si es cierto o no.

A continuación haremos un pequeño repaso sobre las ventajas que aporta el refuerzo positivo a la hora de moldear determinadas conductas según algunos autores:

  • Ayuda a consolidar los conocimientos. Cuando aprendemos cualquier nuevo concepto o habilidad, nuestro cerebro emocional asigna una emoción o sentimiento a ese nuevo aprendizaje ―aburrido, agradable, desagradable, divertido,…― Si la emoción o el sentimiento es agradable debido a una recompensa, elogio, caricia, cumplido, etc., el educando tenderá a afianzar ese aprendizaje.
  • Potencia la autoestima. El refuerzo positivo no solo tiene ventajas en el ámbito académico, sino que ejerce una influencia esencial en el plano psicológico y en el comportamiento. Al destacar lo que ha hecho bien ayudamos al niño a identificar y poner en valor sus fortalezas, con la consecuente mejora de su autoestima.
  • Genera conductas deseadas. La motivación por obtener la recompensa favorece que el alumno actúe siempre llevando a cabo la conducta que se espera de él. A la larga esto acabará por generar un patrón de conducta que se establecerá en la vida del individuo y acabarán convirtiéndose en su manera de actuar.
  • Incentiva el esfuerzo. Al sentir que se reconoce algo que ha hecho correctamente, el niño aprende a valorarlo y entiende que esforzarse por conseguir un buen resultado merece la pena. Así, incluso cuando ya haya dominado esa destreza, conocimiento o habilidad que hemos reforzado de forma positiva, acabará por aplicar la misma lógica del esfuerzo recompensado para el próximo reto que se le plantee.
  • Fomenta la predisposición a mejorar. Cuando nos limitamos a criticar, incidir en los errores cometidos y descalificar el esfuerzo realizado, el niño acabará sintiendo cierto desgaste emocional y mostrará rechazo hacia nuestras instrucciones. En cambio si incluimos comentarios positivos y ponemos el énfasis en lo que se ha conseguido, contribuiremos a que esté más receptivo y asimile mucho mejor cuál es el camino correcto para lograr más aciertos y menos errores.

Ahora bien, ¿el refuerzo positivo es siempre conveniente o puede ser contraproducente en determinadas situaciones? Si bien es cierto que el refuerzo positivo es más efectivo que el castigo para incentivar o propiciar una conducta deseada, también lo es que un uso irresponsable o abusivo de este reforzamiento puede tener varios inconvenientes.

La corriente de pensamiento que defiende el uso del refuerzo positivo en el ámbito educativo ―académico o familiar―, pareció confundir a muchos docentes y padres, ya que les hizo pensar que cualquier cosa que hacía sentir cierto disgusto al niño había que evitarla. De este modo se suprimía cualquier tipo de comentario que no reforzase la autoestima del niño o cualquier tipo de sanción por una conducta inadecuada. Esto puede llevar al niño a un delirio narcisista,  debido a que puede acabar pensando que todo lo hace bien, o a sentir frustración en aquellas situaciones en las que alguien le diga que ha hecho algo de forma incorrecta, ya sea en el futuro entorno laboral, en la universidad o en un entorno familiar diferente al suyo. No podemos dejar de tener en cuenta que una cosa es aplicar un refuerzo positivo que nos ayude a motivar al niño y a desarrollar su pasión por el aprendizaje, y otra muy diferente sobreproteger su autoestima ―o incluso su egocentrismo―, elogiando y recompensando en todo momento sus acciones y comportamientos.

Entre los inconvenientes de aplicar los refuerzos positivos de forma irresponsable podemos encontrar los siguientes:

  • Devaluación del refuerzo. Si este estímulo se aplica de forma indiscriminada cada vez que el niño realiza cualquier tarea, éste puede acabar por perder su valor debido a que se acostumbre a él. No debemos olvidar que el refuerzo positivo debe tener el carácter de premio y éstos deben concederse como reconocimiento de un esfuerzo realizado o algo muy bien hecho. El niño debe ser consciente de que lo recibe cuando lo merece realmente, y debemos hacerle entender por qué lo ha ganado.
  • Posible dependencia. Si el niño se acostumbra a este refuerzo cada vez que hace algo correctamente, esto le puede generar cierta dependencia y puede provocar que le cueste mucho generar nuevas conductas o desarrollar ciertas tareas cuyo resultado no vayan ligados a su premio o recompensa. Además al depender de los elogios o aprobación de la figura autoritaria, puede acabar por tener dificultades a la hora de desarrollar la confianza en sus propios juicios y evaluaciones.
  • Interferencia en el desarrollo de la responsabilidad. Este punto está relacionado con el anterior, ya que si depende de su recompensa para actuar, no desarrollará su responsabilidad ni realizará las actividades que debe realizar por el mero hecho de saber que es su obligación o por la satisfacción interior de haber hecho lo correcto. En este caso, cuando queramos que arregle su habitación por ejemplo, en lugar de decirle que cada vez que lo haga le daremos un caramelo o le dejaremos jugar a un videojuego, le podemos explicar que la responsabilidad de mamá y papá es trabajar para poder tener dinero con el que se le compra su ropa, sus juguetes, su comida,… Además papá después de trabajar hace la compra y prepara la cena, y mamá cuando sale del trabajo lava la ropa y le lleva al parque a jugar; de modo que su obligación es recoger su habitación porque la familia es como un equipo y esa tarea es responsabilidad suya. De esta manera ayudamos a desarrollar su responsabilidad y a que se sienta un miembro útil de la familia ―eso sí, con sus obligaciones, le guste o no―.
  • Frustración ante situaciones adversas. Si cuando hace algo que dista mucho de estar bien hecho ―pongamos por caso un dibujo horrible―, y con tal de motivarlo le respondemos con alabanzas, podría acabar creyendo que posee la habilidad de hacer muchas cosas bien de forma innata. Esto puede llevarle en el futuro a frustrarse cuando no pueda hacer frente a una situación nueva o a afrontar una adversidad. No se trata de decirle que hace las cosas fatal, pero hay que incidir en que muchas de sus facetas son susceptibles de mejora, o que tal vez en algunas otras nunca llegue a ser tan bueno como le gustaría. Esto le preparará para saber que no se puede ganar siempre, y además no nos priva de la posibilidad de hacerle ver que sí tienen un gran potencial en otros ámbitos o habilidades.

Siguiendo el ejemplo anterior, si nuestro hijo o alumno hace un dibujo horrible deberíamos ahorrarnos los elogios del tipo «¡oh que maravilla de dibujo, es fantástico!» y podríamos hacerle preguntas del tipo «¿crees que lo puedes hacer mejor? ¿Cómo? ¿Quieres que te ayude?» o un feedback como «ya sé que es difícil, pero si sigues practicando cada vez te saldrá mejor» De este modo el educando verá que cuenta con nuestra ayuda y atención, lo cual le dará seguridad, y será consciente de que determinadas tareas o habilidades a la mayoría nos requiere de mucha práctica para hacerse realmente bien. Esto le ayudará a entender que si se esfuerza podrá llegar a conseguirlo. Así protegeremos su autoestima y le motivaremos a mejorar.

Como conclusión podremos decir que el refuerzo positivo es muy poderoso, pero debe usarse en los momentos adecuados (como cuando se está progresando en un aprendizaje difícil para el niño) y con responsabilidad . Como dijo Aristóteles, la virtud está en el término medio. Al fin y al cabo el arte de educar consiste en saber encontrar ese punto de equilibrio que nos permite evolucionar, pero en el que es muy fácil trastabillar de vez en cuando.

17 diciembre, 2016

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