Por qué te cuesta tanto hablar en público

Es muy probable que alguna vez hayas vivido esa sensación en la que el mundo parece dejar caer todo su peso sobre tus hombros cuando te han dicho que debes realizar una presentación en el trabajo, leer en la boda de un amigo o un familiar, exponer tu trabajo en clase o enfrentarte a un examen oral ante un tribunal. Lo peor de todo es que ves que otras personas son capaces de afrontar estas situaciones con éxito y esto te hace sentir culpabilidad y frustración porque crees que este problema te afecta a ti de forma casi exclusiva, pero…. ¡Nada más lejos de la realidad! Puedes respirar hondo y soltar el lastre de la culpa y la frustración, pues, como ahora verás, el miedo a hablar en público es muy común y tiene un origen totalmente explicable.

Si eres como la mayor parte de los mortales, es muy normal que al hablar en público sientas incomodidad, nervios o incluso auténtico pánico. La clave reside en conocer de dónde provienen estas sensaciones y cómo gestionarlas en esa situación.

¿Por qué nos asusta o incomoda hablar en público?

Ponte en situación… Vamos a retroceder veinte mil años en el tiempo y a imaginar a un pequeño clan de homo sapiens, agotados y hambrientos, merodeando por un territorio desconocido en busca de alimento. Para sorpresa de este pequeño grupo, tras rodear una elevación rocosa que les impedía la visibilidad, se topan de frente con una tribu distinta cuyos componentes se muestran robustos, armados y con extrañas pinturas en sus caras. Los miembros de esta nueva tribu, de inmediato adoptan una actitud amenazante cuando ven aparecer a nuestro pequeño clan tras las rocas. El líder de estos arcaicos exploradores ordena la detención del avance con un gesto firme y en milésimas de segundo su cerebro hace una valoración de la situación. Un grupo numeroso de fieros guerreros armados tiene la vista fija en ellos y sabe que la decisión más sensata es apartar la mirada. Tanto él, como los miembros de su pequeño clan, dirigen la mirada al suelo mientras se alejan tratando de mostrar una total falta de interés en los asuntos de esa otra tribu más numerosa, salvando así su vida y evitando un posible enfrentamiento en el cual no tendrían ninguna posibilidad.

Tal vez creas que este pequeño relato no tiene nada que ver con el tema de este post, pero lo primero que debes saber es que uno de los motivos por lo que te incomoda hablar en público es porque las personas que han ido a escucharte tienen su mirada puesta en ti. Como nos cuenta el gurú del marketing y del talento empresarial Seth Godin en su libro ¿Eres imprescindible?, en el entorno natural la mirada a los ojos significa desafío, y si crees que esto es una tontería debes saber que en el zoológico de la ciudad holandesa de Rotterdam obligan a los visitantes a ponerse una gafas de cartón que simulan mirar hacia otro lado si quieren visitar el recito de los gorilas. Esto se hace para evitar el contacto visual, puesto que en anteriores ocasiones se dieron situaciones de peligro porque estos primates se alteraban cuando se les miraba fijamente.

Cuando vas a realizar tu conferencia o tu exposición, tu cerebro focaliza la atención en todas las miradas que te lanza ese “clan” de homo sapiens ―en muchos casos desconocidos―, tu amígdala se activa al detectar la posible amenaza que suponen esas miradas, tus glándulas suprarrenales comienzan a liberar adrenalina y cortisol, y tu organismo se prepara para la respuesta de huida o bloqueo ―motivo por el cual queremos huir y no exponernos a la situación o sentimos que nos quedamos totalmente bloqueados―….¡Pero la cosa no acaba aquí!

Si eres capaz de gestionar todas estas sensaciones y comenzar tu exposición o charla con éxito, ¡enhorabuena! ¡Vas por buen camino! Pero debes saber que aún hay otra cosa que preocupa a tu cerebro. Ahora es fácil que sientas la necesidad de que debes ganarte a ese público.  Eso ocurre porque en tu corteza prefrontal se forma el pensamiento de que es posible que aquello que vas a decir no guste o genere rechazo. Si esto ocurre “la tribu” no te aceptará; hasta es posible que te rechacen por completo y eso ocasione tu destierro. Este flujo de pensamientos vuelve a activar tu amígdala, porque tu cerebro más primitivo, ese que compartimos con la mayoría de mamíferos, incluso con algunos peces y reptiles, sabe de la importancia de estar integrado en un clan para asegurar la supervivencia.

La idea del rechazo nos aterroriza. Nuestro cerebro  más racional sabe que no hay un riesgo real cuando hablamos en público, pero las sensaciones de preocupación que esto nos provoca son inevitables ya que surgen de aquellas estructuras de nuestro cerebro menos evolucionadas y que funcionan del mismo modo que hace cientos de miles de años, época en la que pertenecer a un clan era totalmente necesario para tener un mínimo de garantías para la supervivencia.

¿Cómo podemos hacer frente al miedo a hablar en público? ¿Cuál es la mejor manera de gestionar todas estas sensaciones? ¿Existe alguna estrategia para conseguir que la comunicación sea más eficaz en mi conferencia, charla, presentación o exposición?

Puedes dar por hecho que todos estos aspectos pueden trabajarse permitiéndonos una mayor eficacia cuando tengamos que hacer frente a este tipo de situaciones. Permanece atento a nuestro blog porque en breve realizaremos una nueva publicación dando respuesta a estas preguntas. Mientras tanto quédate con la idea de que las sensaciones de incomodidad o nervios que te ocasionan estas situaciones son totalmente explicables desde un punto de vista evolutivo, de modo que puedes dejar de atormentarte o culpabilizarte si ese es el caso.

En este vídeo podemos ver de forma resumida lo explicado en este artículo:

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¡Hasta pronto!

12 Junio, 2017

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